Polo se alejó, pero dejó familias con pérdidas y comunidades que necesitan recuperarse. En el sur de Sonora, los daños alcanzaron viviendas, caminos y servicios. En Obregón, la lluvia agravó los baches y dejó tremendos lodazales en las colonias. La pregunta es qué aprenderemos y qué haremos después.
LOS DAÑOS EN EL SUR DE SONORA
En Guaymas, la marejada dañó equipamiento del malecón; hubo calles inundadas, postes caídos y cortes de electricidad. En Empalme, el agua entró a viviendas de Mi Patria es Primero y La Atravesada, obligando a evacuar a familias que perdieron pertenencias. Detrás de cada reporte hay hogares cuyo esfuerzo de años quedó afectado en unas horas.
En Navojoa, los desbordamientos en Tesia y las crecientes en comunidades como Chivucú, Jijirí y Capohuiza interrumpieron el paso y llevaron a familias a refugios. En Huatabampo, la marea ingresó a viviendas de Huatabampito, Yavaros y Las Bocas; también se reportaron daños en postes y cortes eléctricos. La recuperación exige mirar tanto las cabeceras municipales como sus comunidades rurales y costeras.
Al cierre de esta columna, La Jornada reportó mil 128 personas trasladadas a albergues en siete municipios sonorenses. La Comisión de Vivienda del Estado continuaba evaluando casas dañadas. Sus reportes parciales: Todavía no permiten fijar una cifra definitiva de pérdidas.
En Cajeme, Protección Civil Municipal informó saldo blanco. Eso merece reconocerse, pero también debemos hablar de lo que quedó: En Obregón, baches más grandes y colonias convertidas en lodazales. El Ayuntamiento reconoció daños en el pavimento y anunció reforzar el bacheo. Para muchas familias, salir de casa, llegar a la escuela o trasladarse al trabajo vuelve a ser una dificultad.
Un bache no es solamente un hoyo en el pavimento; puede significar un accidente o un gasto que desequilibre el presupuesto familiar. El lodo tampoco debe convertirse en una condición permanente para vivir.
LA RECUPERACIÓN REQUIERE OBRAS Y PARTICIPACIÓN
La autoridad debe atender vialidades, drenajes, alumbrado y caminos afectados, con reparaciones duraderas y prioridades claras. Necesitamos conocer qué colonias serán atendidas, cuándo y con qué avances. Las calles de mayor rezago también cuentan: La recuperación debe facilitar el paso de peatones, transporte público y servicios de emergencia.
Reconozcamos a Protección Civil, bomberos, personal de salud, Fuerzas Armadas, policías, cuadrillas, voluntarios y trabajadores de refugios. Su esfuerzo merece nuestro agradecimiento y seguimiento a las necesidades que permanecen.
A nosotros nos corresponde mantener limpio el frente de casa, separar ramas de la basura doméstica y evitar que los residuos terminen en las alcantarillas. Cenapred recomienda eliminar el agua acumulada en recipientes para reducir los criaderos de mosquitos. Hagámoslo donde existan condiciones seguras.
No toquemos cables caídos ni intentemos mover postes, árboles grandes o estructuras inestables. Tampoco crucemos corrientes o calles inundadas. Reportar un peligro y mantener distancia es una forma de cuidar a los demás.
La participación vecinal ayuda, pero necesita servicios públicos que respondan. Barrer la banqueta no repara el pavimento ni resuelve un drenaje insuficiente. Cada quien debe cumplir su responsabilidad, y la ciudadanía tiene derecho a exigir resultados.
También podemos acompañar a una familia afectada, apoyar una colecta confiable o preguntar qué necesita un vecino mayor. La solidaridad debe continuar cuando disminuye la atención sobre la emergencia.
ENSEÑAR A PREVENIR CON EL EJEMPLO
Polo nos deja una oportunidad educativa. Expliquemos a niños y jóvenes por qué se suspenden actividades, cómo funciona un refugio y por qué una calle inundada o un cable caído representan peligro. La prevención se aprende mejor con ejemplos cercanos.
Invitémoslos a tareas apropiadas para su edad, con supervisión adulta y lejos de zonas dañadas o agua de inundación. Pueden ordenar materiales de emergencia y ayudarnos a identificar recipientes que acumulen agua en un patio seguro.
Revisemos juntos la mochila de emergencia: Agua, linterna, radio, baterías, documentos protegidos y medicamentos necesarios. Confirmemos dónde está el refugio más cercano y cómo nos comunicaríamos si falla el teléfono.
Hagamos una evaluación honesta: ¿atendimos los avisos oficiales?, ¿teníamos lo necesario?, ¿sabíamos a quién pedir ayuda?, ¿compartimos información verificada? También preguntemos qué riesgo identificamos en nuestra calle y a quién corresponde atenderlo.
Anotemos lo aprendido y demos seguimiento a los pendientes. La memoria de un huracán sirve cuando cambia nuestros hábitos y orienta decisiones públicas antes de la siguiente lluvia.
RETO DEL CIUDADANO RESPONSABLE
Esta semana revisemos, sin exponernos, diez metros alrededor de nuestra casa o negocio. Retiremos residuos y recipientes innecesarios; identifiquemos un riesgo, reportémoslo con ubicación precisa y conservemos el folio cuando lo haya. Demos seguimiento a la respuesta y revisemos nuestra mochila de emergencia.
Invitemos a la familia a participar. Una fotografía tomada desde un lugar seguro puede documentar el problema y su solución. Compartamos información útil y cuidemos la dignidad de quienes reciban ayuda.
Polo nos dejó daños que requieren atención y aprendizajes que debemos aprovechar. La recuperación se notará cuando una familia vuelva segura a su hogar y cuando nuestras calles permitan transitar con tranquilidad. Que la próxima lluvia nos encuentre mejor preparados y con menos pendientes.
No olvidemos que en el próximo 2027 celebraremos nuestro primer centenario.
Respetuosamente

