Los caminos de la viña

Hay cuatro "caminos" que esta parábola puede abrir delante de nosotros y un quinto punto de ejemplo

Los caminos de la viña

El Evangelio de este domingo nos lleva a una viña. Jesús cuenta que un propietario salió desde temprano a buscar trabajadores. Volvió a media mañana, al mediodía, a media tarde y todavía una vez más cuando el día casi terminaba. A todos les dijo lo mismo: "Vayan también ustedes a mi viña" (Mt 20,4).

La escena parece sencilla, pero toca profundamente el corazón. ¿Dónde estamos nosotros en esta historia? ¿Entre los que llegaron temprano, entre quienes fueron llamados más tarde o todavía en la plaza, esperando que alguien nos invite?

Hay cuatro "caminos" que esta parábola puede abrir delante de nosotros y un quinto punto de ejemplo, dedicado a María Santísima, la madre del Verdadero Dios por quien se vive.

1)"NADIE NOS HA CONTRATADO"

Hay una frase de los trabajadores de la última hora que merece quedarse resonando: "Nadie nos ha contratado" (Mt 20,7).

Ellos estaban allí. Habían pasado el día en la plaza, sin encontrar un lugar. El dueño de la viña no los dejó abandonados. Salió nuevamente a buscarlos.

Aquí aparece un rostro entrañable de Dios. Él sale a nuestro encuentro. No permanece encerrado esperando que nosotros descubramos solos el camino. Sale, llama, invita y vuelve a llamar. San Pablo lo expresa con claridad, "Dios quiere que todos los hombres se salven" (1 Tim 2,4).

El cardenal padre Raniero Cantalamessa OFM Cap., observa que esta parábola habla de una llamada universal a trabajar en la viña del Señor, y recuerda que esa llamada alcanza también a los laicos. La misión pertenece a todo el Pueblo de Dios.

También nosotros podemos preguntarnos cuántas personas permanecen hoy en la plaza: Jóvenes que nadie escucha, matrimonios que se alejaron, personas heridas por la vida, bautizados que dejaron de practicar su fe.

Quizá algunos digan: "Nadie me ha invitado".

Y aquí aparece nuestra responsabilidad. El dueño sigue saliendo. ¿Seremos nosotros sus manos, su voz, su invitación?

2)"LOS ÚLTIMOS TAMBIÉN TIENEN UN LUGAR EN LA VIÑA"

La parábola tiene algo profundamente consolador, Dios sigue llamando hasta la última hora.

El trabajador que llegó casi al final no quedó descartado por haber perdido muchas horas. Recibió también la invitación: "Vayan también ustedes a mi viña" (Mt 20,7).

Cuántas veces pensamos que ya es demasiado tarde. Para volver a Dios; para comenzar una vida de oración, para reconciliarnos, para servir, para responder a una vocación, para recuperar aquello que dejamos perder.

Pero la misericordia de Dios no funciona con nuestros calendarios.

Isaías lo había anunciado siglos antes: "Busquen al Señor mientras se deja encontrar, invóquenlo mientras está cerca" (Is 55,6). Y el Catecismo enseña que la gracia es el don gratuito que Dios nos hace de su vida, introduciéndonos en la intimidad de la vida trinitaria (CEC 1996).

Aquí hay una enseñanza decisiva, Dios llama a todos y llama a todas las horas.

Tal vez alguien que lea estas líneas piense que llegó tarde, que desperdició demasiado, que se alejó demasiado.

Mira la viña. El Señor todavía está saliendo a buscar trabajadores. Mientras haya vida, hay una llamada.

3) "¿VAS A TENER ENVIDIA PORQUE YO SOY BUENO?"

Aquí la parábola cambia de tono. Los que habían trabajado desde temprano reciben su denario, pero comienzan a murmurar porque los últimos recibieron lo mismo.

El problema aparece en el corazón, "¿Vas a tener envidia porque yo soy bueno?" (Mt 20,15). Es una pregunta que puede doler cuando la dejamos entrar de verdad.

Podemos alegrarnos mientras Dios bendice a otros, hasta que la bendición toca a alguien que consideramos menos digno. Podemos aceptar que Dios perdone, pero nos cuesta cuando perdona a quien nos hizo daño. Podemos celebrar una conversión, siempre que no sea la de aquella persona que durante años juzgamos.

La envidia también puede entrar en la vida apostólica. ¿Por qué él? ¿Por qué ella? ¿Por qué ese grupo crece? ¿Por qué a otro le reconocen su servicio? ¿Por qué Dios parece concederle frutos que yo esperaba?

El Catecismo coloca la envidia entre los vicios contrarios a la caridad y la describe como tristeza ante el bien del otro, acompañada muchas veces por el deseo de apropiárselo (CEC 2539).

La bondad de Dios revela entonces algo de nuestro corazón; cuando el bien que Dios concede a otro me duele, quizá necesito pedirle al Señor una conversión más profunda.

La viña es suficientemente grande para que podamos alegrarnos por todos los frutos.

4) "LA VIÑA NO ES NUESTRA"

Finalmente queda una palabra que puede tocar especialmente a quienes llevamos años sirviendo en la Iglesia: "mi viña". El dueño no dice nuestra viña. Dice mi viña.

Todo lo que hacemos pertenece primero al Señor: La parroquia, el movimiento, el ministerio, la capilla, la comunidad, la misión, los dones que hemos recibido.

El Catecismo recuerda que los carismas son gracias del Espíritu Santo que, directa o indirectamente, tienen una utilidad eclesial y están ordenados a la edificación de la Iglesia y al bien de los hombres (CEC 799).

Por eso servir nunca puede convertirse en apropiarnos de aquello que Dios puso en nuestras manos.

Podemos llevar muchos años trabajando en la viña y comenzar, casi sin darnos cuenta, a sentirnos dueños de ella. Entonces el servicio pierde frescura, la comparación ocupa el lugar de la gratitud y el hermano comienza a parecer competencia.

San Pablo nos recuerda: "¿Qué tienes que no hayas recibido?" (1 Cor 4,7). Todo es recibido. El tiempo, los dones, la vocación, la fe, las personas que Dios puso en nuestro camino y hasta la posibilidad misma de trabajar en su viña.

Quizá esa sea la gran conversión que Jesús nos propone este domingo, volver a mirar la viña con los ojos del Dueño. Él sigue saliendo. Sigue llamando. Sigue esperando. Y nosotros, trabajadores de la primera o de la última hora, tenemos todavía una invitación delante: "Vayan también ustedes a mi viña".

5) MARÍA, MUJER DE LA VIÑA

Junto a la viña aparece también María. Ella supo escuchar la llamada de Dios y responder con toda su vida, "He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra" (Lc 1,38). Su existencia estuvo siempre orientada hacia Jesús.

En Caná nos dejó una enseñanza que resume su misión maternal: "Hagan todo lo que Él les diga" (Jn 2,5). María nos lleva a Cristo y nos enseña a entrar con humildad en la viña donde Él nos espera.

En Guadalupe, María volvió a salir al encuentro de sus hijos. A san Juan Diego le manifestó su ternura maternal y quiso levantar allí su "casita" para mostrar y entregar a su Hijo. También hoy nos conduce hacia Él.

ORACIÓN

Jesús, Señor de la viña, gracias porque sigues llamándonos a trabajar contigo. Perdona nuestras tardanzas, comparaciones, envidias y deseos de apropiarnos de lo que pertenece a Ti.

Danos un corazón humilde para servir, generoso para alegrarnos por el bien de los demás y dispuesto a responder cada vez que nos llames.

Santa María de Guadalupe, Madre nuestra, enséñanos a decir como tú: "Hágase en mí según tu palabra». Toma nuestra mano y llévanos siempre hacia Jesús. Ayúdanos a trabajar en su viña con alegría, sin buscar reconocimientos y sin olvidar a quienes todavía esperan una invitación.

Virgen de Guadalupe, llévanos de tu mano hacia Cristo-Jesús. Amén.