"La Escuela es Nuestra": Ideas, aciertos y escollos

Es la expresión formal de un programa de gestión de facturación federal

"La Escuela es Nuestra": Ideas, aciertos y escollos

En resumidas cuentas, "La Escuela es Nuestra" es la expresión formal de un programa de gestión de facturación federal. Está orientado esencialmente al bienestar de las condiciones materiales de las escuelas públicas de educación básica y media superior. Constituye un componente clave del cambio educativo en curso, que guarda relación con la nueva política de financiamiento escolar, que provee a los planteles de recursos económicos mediante entregas directas a los comités de madres y padres de familia.

El programa se inscribe en el contexto de la Cuarta Transformación de la vida pública, que inició el presidente Andrés Manuel López Obrador en 2018. Responde; además, al sentir de maestras y maestros que pedían a gritos echar abajo la política educativa neoliberal, aplicada durante décadas por los gobernantes prianistas, que no sólo propiciaba la indefensión laboral del magisterio activo, sino también abandonaba a su suerte a las escuelas, cuyas condiciones materiales lejos de favorecer el servicio educativo, limitaba tanto la calidad operativa y como su cobertura y capacidad de absorción.

Cabe recordar que, en tiempos del presidente López Obrador, el Congreso Federal reformó el artículo tercero y la ley educativa, que dieron vida a la Nueva Escuela Mexicana (NEM), cuyo marco curricular y libros de texto gratuitos derivaron de la participación de miles de maestras y maestros en servicio, que bajo una metodología colegiada y basados en sus saberes pedagógicos hicieron posible el diseño de esos materiales fundamentales para la enseñanza y aprendizaje.

Para hacer viable y sostenible la marcha de la Nueva Escuela Mexicana, se reglamentó el uso de los recursos para los planteles oficiales, cuya administración, resguardo e inversión de las partidas respectivas, leen bien esto: quedó bajo la potestad exclusiva de las madres y los padres de familia, para lo que previamente se obligaban a constituir por cuenta propia un "Comité Escolar de Administración Participativa".

Si bien la idea de delegar el uso o desuso del dinero público a madres, padres o tutores conlleva una intención sensata, que parte del supuesto de que nadie mejor que ellos se interesa en el bienestar de las escuelas de sus pupilos, en la práctica plantea desafíos complejos e insalvables, que no sólo exigen nociones contables, observancia a las reglas respectivas, conocimientos de las necesidades escolares prioritarias y dialogo con los directivos y docentes involucrados.

Un sondeo a vuelo de pájaro entre maestros, directivos y supervisores permite conocer los claroscuros del programa estrella, "La Escuela es Nuestra". Sus historias y testimonios, contadas por separado, coinciden en señalar sus bondades; "es un programa muy bondadoso, que hace el bien a la escuela", pero observan algunas debilidades en cuanto en cuanto a los planes de inversión, manejo y rendimiento de los recursos.

Una directora de preescolar, adscrita en una comunidad indígena, aseguró que los recursos del programa "La escuela es nuestra" representan "un gran beneficio para nuestros planteles", pero su administración adolece de un manejo deficiente, con indicios de irregularidades y opacidad de los recursos; pero eso, a decir de ella, "no es culpa de los directivos ni docentes", ya que ellos no tienen injerencia ni facultades formales a ese respecto.

Otra profesora, directora en una primaria de Hermosillo, con un tono un tanto decepcionada, reveló que su escuela fue beneficiada con recursos del programa "La Escuela es Nuestra", con el que se hicieron algunas mejoras en su apariencia física; pero percibió indicios de un manejo irregular de los recursos, lo que la llevó a hacer de conocimiento a sus superiores jerárquicos, para que tomaran carta en ese asunto, reveló la misma directora.

Por su parte, una supervisora de educación primaria, con una trayectoria profesional consolidada, dijo: "si bien no hay estudios de impacto", es notorio "el mejoramiento de la infraestructura escolar, cuyos edificios han mejorado significativamente", lo que ha traído consigo, añada la supervisora, "no sólo bienestar físico, sino también "bienestar mental" para quienes reciben o proporcionan el servicio educativo, todo eso, pese a debilidades en el uso que hacen los padres de los recursos, advirtió la supervisora referida.

Lamentablemente, hasta donde se sabe todavía vía no hay diagnósticos sistemáticos y de conocimiento público, que midan la eficacia en el manejo de los recursos y su relación no sólo con el mejoramiento material, sino también con el sentir de los alumnos y sus maestros, así como con la calidad del servicio propiamente educativo. Tampoco hay evidencia suficiente de que los recursos impactan significativamente en la cobertura de escuelas con horarios extendidos.

Y qué decir de los comités escolares de administración participativa, simple y llanamente que son instancias ciudadanas con aciertos importantes, pero al parecer arrastran ciertas debilidades que limitan los alcances de los resultados.

Con todo, el programa "La escuela es Nuestra" se mantiene viento en popa y constituye una fuente de recursos imprescindible, mediante la cual las escuelas se hacen de recursos, por conducto de los comités de administración participativa, formados principalmente por las madres y los padres de familia, con la encomienda gestionar, cuidar e invertir los rubros exclusivamente en infraestructura y equipos técnicos, además de favorecer los servicios educativos con horario extendido.