Vivimos en una época donde la IA está muy a la mano y la complejidad dentro de las aulas de poder transmitir conocimiento es cada vez más difícil; el uso normalizado y sin medida de la tecnología, llámense redes sociales, aplicaciones y programas, no siempre es favorecedor para el razonamiento y uso adecuado del cerebro. Hemos abandonado en cierta medida el pensamiento humano crítico, tan importante para el análisis de temas, resolución de tareas, toma de decisiones, manejo de crisis y emisión de opinión ante una pregunta dada o una charla normal cara a cara, con mayor acentuación actualmente en los jóvenes y adolescentes.
Lo anteriormente comentado no significa que sea responsabilidad directa de ellos, sino de cómo la sociedad actual, con su actividad laboral cada vez más productiva, más activa, más ocupada en cómo sostener una mejor calidad de vida y autoimagen, se ha ido olvidando de la convivencia familiar, formación humana y obligaciones académicas reales; los han abandonado de cierta manera a los brazos imaginarios de la tecnología, desde los videojuegos en años anteriores, hasta tabletas, computadoras y actualmente en celulares. Es tan cotidiano ver esto, que basta ir a algún restaurante o taquería para apreciar cómo los padres con hijos pequeños están en su charla de adultos mientras el pequeño lo tienen con un celular o una tableta para que no les moleste o llore, generándoles desde pequeños esta adicción que los rezaga aun en un momento tan importante, tan humano, como es compartir los alimentos en familia.
La naciente diversificación de plataformas y redes sociales con contenido y sin restricción, ha elevado esta adicción, no solo en los jóvenes y menores, sino también en nosotros los adultos, pasando horas frente a una pantalla solo por entretenimiento, con la ventaja de saltarnos lo que no nos gusta o no es tan importante en ese momento para nuestro sentir-pensar, con solo mover un dedo escapando del sí, o no nos gusta, sin culpa alguna.
Aclarando que no significa que todo lo que nos ofrece la tecnología y sus derivados sea malo o nocivo, SÍ existe contenido de calidad, de valor y de entretenimiento sano, pero... ante el consumo en redes de un joven, adolescente o niño que no tiene la madurez, experiencia o conocimiento para distinguir lo bueno o malo, es una bomba de tiempo para su criterio en el correcto desarrollo de pensamiento crítico, sobre todo si no le suma el conocimiento adecuado, aunado al algoritmo propio de las plataformas, que hacen adictivas ciertas páginas o temas y por ende lo consumen sin darse cuenta, una vez que las visitan, hasta notificaciones que les envían para después consultarlas por curiosidad.
Dicho lo anterior se resume al resultado, como la falta de interés por la lectura en temas de interés para su formación, principalmente en los estudiantes, ya que les aburre; analicemos algunas preguntas de reflexión, por ejemplo: ¿Por qué no mantienen una conversación sostenida con un tema en particular de alguna materia? inclusive a veces lo desconoce y argumenta no necesitarlo, ¿Por qué no se concentra al estudiar sin celular? o ¿Por qué a la hora de resolver algún problema matemático simple de manera mental, simplemente no puede?, algunas veces carecen de creatividad para hacer una presentación, pensamiento crítico para explicar una exposición sin memorizarla y realizar un examen de preguntas directas de manera independiente y sin la ayuda de la tecnología.
No se trata de vivir obsoleto, de no combinar las antiguas técnicas de estudio u exposición, con el uso medido de la tecnología actual, de no disfrutar momentos de ocio, de investigación o de mejorar las asignaciones en plataformas, sino de estar conscientes que el cerebro humano es un músculo, que hay que mantenerlo estimulado evitando el deterioro cognitivo y de razonamiento crítico, tan importante en la vida futura laboral de estas generaciones de estudiantes.

