La reconocida artista japonesa Yayoi Kusama, considerada una de las figuras más influyentes, populares y exitosas del arte contemporáneo, murió a los 97 años en Tokio, Japón.
El fallecimiento ocurrió el pasado 14 de agosto de 2026 en un hospital de la capital japonesa; sin embargo, la noticia fue anunciada públicamente el miércoles 27 de agosto mediante un comunicado difundido en el sitio oficial de la creadora. Hasta el momento no se dio a conocer la causa de su muerte.
Kusama permaneció activa hasta sus últimos días y desarrolló una carrera que abarcó pintura, escultura, instalaciones, literatura, cine y arte escénico. Sus característicos lunares, calabazas y espacios cubiertos de espejos la convirtieron en una artista inmediatamente reconocible en todo el mundo.
¿QUIÉN FUE YAYOI KUSAMA?

Yayoi Kusama nació el 22 de marzo de 1929 en Matsumoto, Japón, dentro de una familia dedicada al negocio de las semillas y plantas. Su infancia estuvo marcada por un ambiente familiar complicado, los efectos de la Segunda Guerra Mundial y las alucinaciones visuales que experimentó desde temprana edad.
Aquellas visiones, en las que flores, redes y puntos parecían multiplicarse hasta cubrir su entorno, se convirtieron posteriormente en la base de su lenguaje artístico. Para Kusama, el arte no solo fue una profesión, sino una herramienta para procesar sus experiencias y expresar su mundo interior.
Durante la guerra trabajó en una fábrica dedicada a confeccionar paracaídas para el Ejército Imperial japonés.
Más tarde estudió brevemente nihonga, una técnica tradicional de pintura japonesa, aunque pronto se alejó de sus reglas para experimentar con la abstracción y los patrones repetitivos.
LA REVOLUCIÓN DE LOS LUNARES DE YAYOI KUSAMA

A finales de la década de 1950, impulsada en parte por el intercambio de cartas que sostuvo con la pintora estadounidense Georgia O´Keeffe, Kusama dejó Japón y se trasladó a Estados Unidos.
Después de pasar por Seattle llegó a Nueva York, donde coincidió con el auge del arte pop, el minimalismo y la contracultura.
En esa ciudad desarrolló las pinturas de la serie "Redes Infinitas", además de esculturas, películas experimentales y provocadores actos públicos.
Durante los años sesenta organizó performances en los que pintaba lunares sobre cuerpos desnudos y defendió causas como la paz, la igualdad de género y los derechos de la comunidad homosexual.
Aunque convivió con figuras como Andy Warhol y Donald Judd, Kusama permaneció durante años al margen del reconocimiento institucional.
Su condición de mujer japonesa dentro de una escena artística dominada por hombres occidentales dificultó que su trabajo recibiera entonces el lugar que posteriormente alcanzaría.
LAS "SALAS DE ESPEJOS INFINITOS" CONQUISTARON AL PÚBLICO

Entre sus creaciones más famosas se encuentran las "Salas de Espejos Infinitos", instalaciones inmersivas en las que luces, colores y objetos se reproducen aparentemente sin final. Estas experiencias atrajeron a millones de visitantes y adquirieron una nueva popularidad durante la era de las redes sociales.
Sus esculturas de calabazas cubiertas de puntos también se transformaron en símbolos de la cultura contemporánea. Museos, galerías y espacios públicos de diferentes países incorporaron sus piezas, mientras las fotografías tomadas dentro de sus instalaciones inundaron Instagram.
Kusama regresó a Japón en 1973 y, algunos años después, decidió ingresar voluntariamente en un hospital psiquiátrico.
Desde allí continuó creando en un estudio cercano, sin abandonar la pintura. Su historia también ayudó a visibilizar la relación entre la salud mental, la creatividad y la posibilidad de construir una vida artística pese a las dificultades personales.
DEL ANONIMATO A CONVERTIRSE EN UN FENÓMENO MUNDIAL

La revaloración internacional de Kusama comenzó a consolidarse durante la década de 1980. En 1993 representó oficialmente a Japón en la Bienal de Venecia, casi tres décadas después de haber participado extraoficialmente en el encuentro con la instalación Narcissus Garden.
Con el paso de los años, su obra alcanzó cifras millonarias. En 2022, la pintura Sin título (Redes) fue vendida por cerca de 10.5 millones de dólares, mientras que sus trabajos acumularon aproximadamente 190.5 millones de dólares en subastas durante 2023.
Su fama trascendió los museos gracias a colaboraciones con marcas como Louis Vuitton, al documental Kusama: Infinity y a la apertura del Museo Yayoi Kusama en Tokio, inaugurado en 2017.
Tras conocerse su muerte, artistas, galeristas, especialistas y admiradores recordaron su capacidad para transformar el trauma, la repetición y las alucinaciones en una propuesta visual universal. Yayoi Kusama se adelantó a su época y terminó convertida en una figura imprescindible para entender el arte contemporáneo.

