La mañana del 11 de septiembre de 2001, mientras miles de personas intentaban alejarse del World Trade Center, el mexicano Rafael Hernández, formado como bombero y paramédico, decidió acudir voluntariamente a una estación cercana para ofrecer su ayuda.
Aunque no pertenecía al Departamento de Bomberos de Nueva York, mostró una credencial que lo identificaba como bombero mexicano. Los rescatistas aceptaron su colaboración, le entregaron una chaqueta y una manguera y lo enviaron hacia la Torre Norte.
De acuerdo con información de Infobae, Hernández comenzó a subir mientras otras personas descendían. Llegó al piso 28, donde un capitán le ordenó detenerse porque no contaba con el equipo necesario para continuar. Allí encontró a Alison, una mujer que, según su testimonio, tenía nueve meses de embarazo y había comenzado el trabajo de parto.
Al ver que no podía continuar por las escaleras, Hernández decidió ayudarla. La cargó y comenzó a bajar los 28 pisos hasta llegar al exterior. Permaneció junto a ella hasta que una ambulancia se hizo cargo. Poco después, las torres colapsaron.
Después del 11 de septiembre
Hernández no se marchó inmediatamente de Nueva York. Durante meses permaneció en la Zona Cero, donde colaboró en la búsqueda de sobrevivientes y restos y posteriormente en la limpieza de los escombros.
Según sus declaraciones, estuvo expuesto al polvo, combustible y otros residuos de la destrucción, inicialmente con protección limitada. Con el paso del tiempo comenzó a sufrir problemas respiratorios, asma, apnea del sueño y un deterioro progresivo de su capacidad física. Llegó a necesitar asistencia respiratoria y numerosos medicamentos, hasta que su estado de salud le impidió trabajar a tiempo completo.
Años después volvió a encontrarse con Alison durante una ceremonia conmemorativa. Ella le contó que había dado a luz a una niña sana y lo reconoció como el hombre que las había ayudado a salir de la torre.
Así fue su muerte años después
Rafael Hernández murió el 25 de septiembre de 2011, en Queens. La oficina del médico forense de Nueva York determinó que murió por causas naturales, relacionadas con factores como la obesidad, la apnea obstructiva del sueño y el agrandamiento del corazón. Su muerte no fue reconocida oficialmente como consecuencia de su exposición a la Zona Cero.
Sin embargo, personas cercanas a él y otros trabajadores sostenían que sus problemas de salud habían comenzado después de su participación en las labores de limpieza. Hernández también había participado en un grupo de apoyo para trabajadores inmigrantes afectados por las consecuencias físicas y psicológicas del desastre.
Su historia quedó marcada por una paradoja: sobrevivió al ataque y logró salvar a una mujer embarazada, pero los problemas de salud que enfrentó después de trabajar en la Zona Cero acompañaron los últimos años de su vida.

