Francia comenzó a aplicar restricciones nocturnas en distintas ciudades luego de un fin de semana marcado por saqueos, incendios y enfrentamientos que dejaron cerca de 2 mil 400 personas detenidas y alrededor de mil agentes heridos.
El primer ministro, Sébastien Lecornu, instruyó este lunes a los prefectos para establecer toques de queda parciales, en un intento por recuperar el control de las calles. Las autoridades no detallaron cuáles localidades estarían sujetas a las medidas.
La decisión se tomó durante una reunión de emergencia en el Ministerio del Interior, donde también se abordaron los apoyos económicos para los comerciantes afectados, los procedimientos con las aseguradoras y las acciones judiciales contra quienes participaron en los actos vandálicos.
MACRON ADMITE ERRORES EN EL OPERATIVO DE SEGURIDAD
El presidente Emmanuel Macron reconoció fallas en las labores de prevención e inteligencia que precedieron a los disturbios del sábado 17 de octubre. Durante un mensaje televisado, llamó a la unidad nacional y advirtió que los responsables de los saqueos y ataques deberán responder ante la justicia.
Pese a la gravedad de los acontecimientos, el mandatario descartó por ahora recurrir a una declaración de estado de emergencia.
Por su parte, el ministro del Interior, Laurent Nuñez, ofreció renunciar después de admitir que las fuerzas de seguridad no lograron controlar las manifestaciones. Sin embargo, Macron rechazó su dimisión y le encargó esclarecer las deficiencias en la planificación policial.

CRECEN LAS CRÍTICAS CONTRA EL GOBIERNO
La respuesta oficial también generó cuestionamientos entre dirigentes políticos de distintas corrientes. Marine Le Pen acusó al gobierno de estar debilitado, mientras que Jean-Luc Mélenchon, líder de La Francia Insumisa, criticó la actuación de las autoridades y puso en duda la eficacia de las restricciones.
Las movilizaciones reunieron a unas 550 mil personas, aunque el sindicato CGT calculó una asistencia de hasta 800 mil. Las protestas, que comenzaron con reclamos estudiantiles, incorporaron demandas por el encarecimiento de la vida y el deterioro de los servicios públicos.
Durante las marchas, grupos encapuchados se mezclaron entre los manifestantes y provocaron disturbios. Según el balance difundido, alrededor de mil 500 establecimientos comerciales fueron saqueados en al menos diez ciudades francesas.

