Dos amigos italianos lograron una de las travesías más insólitas de finales del siglo XX: cruzaron el océano Atlántico a bordo de dos automóviles modificados para flotar. La aventura no nació de un simple deseo de romper récords, sino de la promesa de hacer realidad el último gran sueño de Giorgio Amoretti, un aventurero y fotoperiodista que falleció mientras sus hijos seguían navegando mar adentro.
La expedición, que duró 119 días, estuvo marcada por tormentas, averías, tiburones y semanas de incomunicación, hasta convertirse en una historia que sigue sorprendiendo más de dos décadas después.
EL SUEÑO DE UN PADRE QUE SE NEGÓ A MORIR
Todo comenzó con Giorgio Amoretti, un italiano conocido por sus arriesgadas expediciones y su activismo social. Durante años trabajó en un proyecto que parecía imposible: construir un automóvil capaz de navegar y cruzar el Atlántico.
Su intención era demostrar que los límites podían romperse y, al mismo tiempo, aprovechar la atención mediática para impulsar causas sociales en las que creía, como el reconocimiento del trabajo de las madres que permanecían en casa.
Sin embargo, en 1998 recibió un diagnóstico devastador: padecía cáncer y le quedaban pocos meses de vida. Fue entonces cuando sus hijos decidieron tomar el relevo y convertir el sueño familiar en una realidad.
ASÍ PREPARARON LOS AUTOS PARA NAVEGAR
Marco Amoretti, junto con sus hermanos y el amigo de la familia Marco De Candia, adaptó dos vehículos usados: un Volkswagen Passat y un Ford Taunus.
Los autos fueron modificados con quillas metálicas, mástiles, paneles solares, teléfonos satelitales y espuma de poliuretano en su interior para garantizar que permanecieran a flote. Además, instalaron una pequeña tienda de campaña sobre el techo para dormir durante la travesía.
Tras finalizar los preparativos en la isla española de La Palma, ambos vehículos fueron lanzados al océano durante la madrugada del 4 de mayo de 1999.

UNA AVENTURA LLENA DE RIESGOS EN ALTA MAR
Los primeros días fueron más difíciles de lo esperado. Los automóviles permanecieron atrapados cerca de la costa durante casi dos semanas, lo que provocó que dos integrantes de la expedición abandonaran el proyecto tras ser rescatados en helicóptero debido al agotamiento y los mareos.
A partir de ese momento, Marco Amoretti y Marco De Candia continuaron solos.
Durante casi cuatro meses aprendieron a sobrevivir en el océano. Pescaban para alimentarse, secaban el pescado al sol, reparaban constantemente los vehículos y hasta obtenían plancton para complementar su alimentación.
También enfrentaron momentos de enorme tensión, como el avistamiento de un tiburón mientras nadaban entre ambos autos para realizar reparaciones.
SEMANAS SIN COMUNICACIÓN Y UNA PÉRDIDA IRREPARABLE
La expedición mantenía contacto diario con sus familias mediante un teléfono satelital alimentado con energía solar, pero el sistema dejó de funcionar pocas semanas después del inicio del viaje.
En Italia crecieron los rumores de que ambos habían muerto.
Mientras tanto, Giorgio Amoretti falleció sin saber si sus hijos lograrían completar la travesía. Su familia decidió no informarles de inmediato para evitar que abandonaran la misión en medio del océano.
Semanas después, lograron reparar el sistema de comunicación y pudieron volver a llamar a casa. Solo cuando el viaje estaba prácticamente terminado, Marco conoció la muerte de su padre.
UNA TORMENTA CASI ARRUINA EL VIAJE
Cuando el Caribe ya estaba cerca, los aventureros se encontraron con una tormenta tropical que amenazó con poner fin a la expedición.
Las autoridades les recomendaron abandonar el proyecto, pero ambos rechazaron el rescate.
Aunque los fuertes vientos y la lluvia destruyeron parte del equipo, los automóviles resistieron y continuaron flotando hasta alcanzar su destino.
119 DÍAS DESPUÉS, EL SUEÑO SE HIZO REALIDAD
El 31 de agosto de 1999, tras recorrer el Atlántico durante 119 días, Marco Amoretti y Marco De Candia llegaron a Tartane, en la isla de Martinica.
Fueron recibidos por periodistas, habitantes locales y familiares que celebraron el cumplimiento de una hazaña considerada única.
Después de regresar a Italia, ambos reconocieron que adaptarse nuevamente a la vida cotidiana resultó más difícil de lo que imaginaron. La experiencia en alta mar transformó por completo su forma de ver la vida.
Años más tarde, Marco Amoretti publicó los diarios de la expedición y mantiene la esperanza de que algún día esta extraordinaria aventura llegue a la pantalla grande.




