La reciente decisión del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, de ordenar una intervención de gran alcance contra Irán desató una tormenta política en Washington. Legisladores demócratas aseguran que el mandatario actuó sin notificar ni solicitar autorización al Congreso, reavivando la discusión sobre el equilibrio de poderes en materia de guerra.
La Constitución estadounidense establece que únicamente el Congreso tiene la facultad de declarar la guerra. Sin embargo, también designa al presidente como comandante en jefe de las Fuerzas Armadas, una figura que en la práctica ha permitido interpretaciones amplias sobre el uso de la fuerza militar. A lo largo de las últimas décadas, distintos mandatarios han recurrido a esa atribución para emprender operaciones sin una declaración formal.
La última vez que el Congreso declaró la guerra fue durante la Segunda Guerra Mundial. Desde entonces, los conflictos armados en los que ha participado Estados Unidos se han apoyado en autorizaciones específicas o en decisiones ejecutivas. Tras la experiencia de la guerra de Vietnam, el Legislativo aprobó en 1973 la llamada Resolución de Poderes de Guerra, que permite al presidente responder a emergencias, pero le exige informar en un plazo de 48 horas y limita el despliegue de tropas a 60 días sin autorización adicional.
Trump justificó los ataques alegando amenazas "inminentes". No obstante, sus críticos sostienen que no hubo consulta previa y que la magnitud de la operación rebasa el marco de acción inmediata contemplado en la ley. El antecedente más claro de una autorización amplia fue la otorgada después de los atentados del 11 de septiembre de 2001, que sirvió de sustento jurídico para operaciones prolongadas en Afganistán y otras regiones.
El republicano no es el primero en actuar sin el visto bueno explícito del Capitolio. En 1999, Bill Clinton respaldó bombardeos de la OTAN en Kosovo sin aprobación previa del Congreso. Más tarde, en 2011, Barack Obama ordenó ataques en Libia bajo argumentos similares. Incluso en su primer mandato, Trump lanzó ofensivas contra Siria junto a aliados europeos sin un debate legislativo formal.
Desde su retorno a la Casa Blanca, Trump ha buscado ampliar el alcance del Poder Ejecutivo, particularmente en materia de seguridad. Además de operaciones en Medio Oriente, ha impulsado despliegues contra redes de narcotráfico en el Caribe y el Pacífico, así como acciones directas contra instalaciones iraníes en 2025. También ha ordenado medidas controvertidas dentro del territorio estadounidense, incluyendo el envío de la Guardia Nacional a distintas ciudades.
El choque entre la Casa Blanca y los demócratas no solo gira en torno a Irán, sino al precedente que puede sentar sobre el uso unilateral de la fuerza. La discusión, lejos de cerrarse, perfila un nuevo capítulo en la histórica tensión entre el Poder Ejecutivo y el Legislativo en Estados Unidos.




