Conoce los experimentos en personas más perturbadores de la historia

Muchos de ellos involucraron a bebés, niños y jóvenes que nunca dieron su consentimiento y que cargaron con las consecuencias toda su vida

Conoce los experimentos en personas más perturbadores de la historia

Durante décadas, la ciencia avanzó a costa de decisiones que hoy resultan difíciles de comprender. En el pasado, algunos investigadores llevaron a cabo experimentos tan extremos que actualmente serían considerados violaciones graves a la ética y a los derechos humanos. Muchos de ellos involucraron a bebés, niños y jóvenes que nunca dieron su consentimiento y que cargaron con las consecuencias toda su vida.

LOS EXPERIMENTOS REALES, MÁS PERTURBADORES DE LA HISTORIA 

El pequeño Albert y el miedo aprendido

En 1920 se realizó uno de los experimentos psicológicos más polémicos de la historia. Un bebé de apenas nueve meses, conocido como el pequeño Albert, fue utilizado para demostrar que los miedos no nacen con las personas, sino que se aprenden.

Al inicio, Albert no mostraba temor alguno hacia una rata blanca con la que incluso intentaba jugar. Sin embargo, cada vez que el bebé se acercaba al animal, los investigadores provocaban un ruido fuerte e inesperado golpeando una barra metálica detrás de él. Con el tiempo, el niño comenzó a llorar y a mostrar pánico no solo ante la rata, sino frente a cualquier objeto blanco y peludo.

El experimento terminó sin que nadie se preocupara por ayudar al menor a superar los miedos que le habían sido provocados. Después de eso, se perdió todo rastro de Albert, y nunca se supo qué consecuencias tuvo esta experiencia en su vida adulta.

imagen-cuerpo

La prisión de Stanford y el poder sin límites

En 1971, el psicólogo Philip Zimbardo diseñó un experimento que no involucró bebés, pero sí dejó al descubierto hasta dónde puede llegar el comportamiento humano bajo ciertas condiciones. En el sótano de una universidad se recreó una cárcel ficticia, donde estudiantes fueron asignados al azar como guardias o prisioneros.

Lo que comenzó como un juego académico se transformó rápidamente en una pesadilla. En menos de 24 horas, los guardias adoptaron actitudes autoritarias y violentas, mientras que los prisioneros desarrollaron ansiedad, estrés y colapsos emocionales. El estudio, planeado para durar dos semanas, fue cancelado apenas seis días después debido al daño psicológico evidente.

imagen-cuerpo

Universo 25 y la sociedad que colapsó

En la década de 1960, el investigador John Calhoun llevó a cabo el experimento conocido como Universo 25. Aunque se realizó con ratas, sus conclusiones generaron inquietantes paralelismos con el comportamiento humano.

Los animales fueron colocados en un espacio reducido con comida abundante, lo que provocó una sobrepoblación extrema. Con el tiempo, la convivencia se deterioró: surgieron conductas violentas, abandono de crías y relaciones sociales distorsionadas. El experimento mostró cómo el estrés social y la falta de espacio pueden destruir cualquier estructura comunitaria.

imagen-cuerpo

El niño criado como niña

Uno de los casos más trágicos ocurrió en la década de 1960 y tuvo como protagonista a David Reimer. Tras sufrir un grave accidente médico siendo bebé, un especialista convenció a sus padres de criarlo como niña para probar que la identidad de género dependía únicamente de la educación.

David fue sometido a tratamientos hormonales, cirugías y una crianza forzada bajo el nombre de Brenda. Durante años, el experimento fue presentado como un éxito académico, aunque la realidad era muy distinta. El niño creció con profunda confusión, rechazo y dolor emocional.

Al descubrir la verdad, David retomó su identidad masculina, pero el daño psicológico ya era irreversible. La historia terminó de manera trágica y se convirtió en un punto clave para replantear las normas éticas en la investigación con menores.

imagen-cuerpo

UN PASADO QUE CAMBIÓ LAS REGLAS

Estos experimentos marcaron un antes y un después en la historia de la ciencia. Gracias a ellos, se establecieron límites claros y protocolos estrictos para proteger a los seres humanos en investigaciones científicas.

Aun así, estas historias dejan una pregunta inquietante: cuántos experimentos similares se realizaron sin registro y sin que el mundo llegara a conocerlos.