Luego de servir a propios y extraños desde el año 1926, cuando fue inaugurado y después de pasar por muchas vicisitudes, el próximo mes de noviembre, el hotel Kuraica de Ciudad Obregón --cabecera del municipio de Cajeme-- cumplirá su primer siglo de vida, expresó su propietario e hijo del fundador, Guillermo Kuraica Casillas.
El empresario hotelero comentó que su padre, Pablo M. Kuraica, era originario de Croacia, y llegó a México procedente de Estados Unidos.
LA HISTORIA
El entrevistado dijo que, a principios del siglo pasado, Estados Unidos recibía muchos migrantes pues estaba creciendo y consolidándose como nación; fue entonces que su padre llegó a Nueva York procedente del puerto de Le Havre en Francia, a los 17 años de edad, donde trabajó alrededor de 10 años y al iniciar la Primera Guerra Mundial se vino a México, adonde entró por Agua Prieta, pasando por Cananea y de ahí a Hermosillo; tomó el ferrocarril rumbo al centro del país, pero de Tepic, Nayarit se regresó, estableciéndose en Cajeme alrededor del año 1919.
En ese entonces, conoció a una persona de apellido Seaman, que tenía corrales con chivas y vacas, con quien se alojó de inicio, y éste lo llevó al Campo 2, donde se quedó trabajando dos años; después de ese tiempo se regresó al sector donde aún está la estación el ferrocarril (calle Jalisco entre Guerrero e Hidalgo), donde construyó una casa grande; en ese tiempo conoció a la que sería su esposa y madre del entrevistado, Elia Casillas, con quien formó la familia, expuso Kuraica Casillas.
Como en ese lugar no había espacios para alojamiento y la casa de sus padres era de regular tamaño, cuando llegaban fuereños que buscaban dónde quedarse, ellos comenzaron a hospedar personas por varios días, convirtiéndose en la primera hospedería, no formal aún.
Más tarde, en Estados Unidos adquirió una carpa grande del Army, la cual instaló aledaña a la casa familiar y en ella alojaba también a los viajeros; fue cuando se adquirió el terreno donde hoy está el hotel, en la actual calle 5 de Febrero entre No Reelección y Guerrero, y como ya tenía en mente la idea de hacer algo más en forma, unos amigos estadounidenses le mandaron un catálogo de hoteles, donde vio el estilo y le gustó; fue así que tomó la decisión de construir lo que se convirtió en lo que es hoy el hotel Kuraica.
NACIMIENTO Y PUJANZA
Hizo saber que aún posee --y se exhiben en lo que es un pequeño museo a un costado del lobby--, el oficio mediante el cual, en aquel entonces, se solicitó a Cócorit, entonces cabecera del municipio, el permiso de construcción y posteriormente, el permiso de operación de la hospedería, que inició con 14 habitaciones (ocho en la planta alta y seis en la planta baja.
Fue 10 años después de la inauguración –dijo—que el nació y fue testigo del auge, así como del crecimiento de la ciudad, que se desarrolló a la par del Valle del Yaqui, considerado durante mucho tiempo El Granero de México.
Durante muestra estancia en el lugar lo acompañamos en un recorrido, donde nos mostró algunos equipos mecánicos utilizados en los inicios del hotel, como es una planta generadora de energía eléctrica con la que se alimentaba el hotel y daba servicio a otros negocios aledaños; unos aparatos para extraer agua de un pozo y la bomba con la que esta se subía a un tanque elevado, de donde bajaba por gravedad para el servicio de los baños; una máquina de escribir y la máquina registradora original, con la que se llevaba el control de los ingresos, así como uno de los antiguos libros de registro de los inquilinos.
Kuraica Casillas mencionó que, desde hace varios años, se ha visto una economía local estancada y por ello, ha tenido que invertirle recursos de otras fuentes para sostenerlo, y ha llegado a pensar en no seguir con la actividad; aunque desde inicios del presente año se ha comenzado a ver un muy leve repunte, que aún es pequeño, pero da una luz en el sentido de que la situación pudiera mejorar.
A pregunta expresa de qué sigue para el hotel Kuraica, indicó que en noviembre harán un pequeño festejo para celebrar los primeros 100 años, y tratarán de seguir adelante, con fe en que vendrán tiempos mejores.




