En medio del dolor que atraviesa a México, la Iglesia católica decidió dar un paso al frente para no mirar hacia otro lado. Este domingo, la Diócesis de Ciudad Obregón ofreció un espacio de consuelo y reflexión para las familias que viven la angustia de no saber dónde está un ser querido. La catedral de la ciudad se vistió de recogimiento y esperanza, al recibir a decenas de madres buscadoras, hermanos, hijos y amigos que cargan con la ausencia y la incertidumbre.
El obispo Felipe Pozos Lorenzini encabezó la ceremonia con un mensaje que resonó en lo más profundo de los asistentes. "Celebramos la eucaristía uniéndonos a tantas familias que sufren porque un ser querido no está", expresó durante su homilía, en la que también hizo eco de un comunicado emitido por los obispos mexicanos; mientras haya padres y madres recorriendo caminos, fiscalías y fosas en busca de sus hijos, la paz en el país seguirá siendo una deuda pendiente.
Lejos de discursos vacíos, la misa se convirtió en un acto de empatía activa. Pozos Lorenzini subrayó que la Iglesia no puede permanecer indiferente ante este drama humano, y citó a San Pablo para recordar que "sufre uno, sufrimos todos". En ese sentido, hizo un llamado a la sociedad en su conjunto: "Hagamos de la búsqueda un encuentro como sociedad", pidió, invitando a los feligreses a acercarse a quienes viven el duelo en vida y a tender puentes de apoyo real.
El prelado fue contundente al describir la crisis de desapariciones como una de las heridas más profundas que atraviesan a la nación. Detrás de las frías estadísticas, dijo, hay rostros con nombre, hay historias truncadas y, sobre todo, hay familias que se aferran a la memoria y a la esperanza. "Como mamás han dado todo y buscan por qué han dado todo", afirmó, reconociendo el coraje y la resiliencia de las mujeres que se han convertido en el motor de la búsqueda en México.
La jornada no solo fue un acto religioso, sino un recordatorio de que la fe también se construye desde el acompañamiento y la acción colectiva. Con cada palabra y cada oración, los presentes hicieron memoria de los que faltan, alzando la voz para que nadie sea olvidado. La misa concluyó con la certeza de que, aunque el camino sea largo, la unión y la solidaridad son el primer paso hacia la sanación y la verdad.

La celebración eucarística realizada este domingo en Cajeme se enmarca en la conmemoración del Día Internacional de las Víctimas de Desapariciones Forzadas, sumándose al llamado nacional impulsado por la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM) y el Diálogo Nacional por la Paz.
Acciones de la Iglesia ante la crisis de desapariciones
A través de un comunicado oficial, la Iglesia católica reconoció la profunda crisis que atraviesa el país ante las miles de familias que enfrentan el dolor y la incertidumbre por no conocer el paradero de sus seres queridos. En el mensaje, se exhortó a toda la comunidad eclesial a asumir una postura activa y compasiva, inspirada en la parábola del Buen Samaritano, para acompañar el esfuerzo incansable de madres, padres y colectivos que llevan años en labores de búsqueda.
Como parte de esta jornada, la Iglesia estableció dos acciones clave en los templos:
- Jornada de oración comunitaria: La inclusión de intenciones específicas en todas las misas dominicales para pedir por el consuelo y la fortaleza de los familiares de personas desaparecidas.
- Implementación de "Buzones de Paz": La instalación de buzones en las parroquias con el objetivo de recibir reportes y datos de manera totalmente anónima y segura, buscando aportar información que facilite la localización de personas y brinde esperanza a las familias.

