En el contexto de las negociaciones que se han venido dando entre Estados Unidos y México y la advertencia del vecino país del norte de no firmar este año alguna modificación al T-MEC, quien pierde más es nuestro país, dado que depende mayoritariamente, en el tema de exportaciones, del mercado estadounidense, ya que, para nuestro principal socio comercial, México representa únicamente el 1.5 por ciento de su mercado internacional, expresó Arturo Fernández Díaz González.
El presidente de Sonora Global señaló que, cuando se va a establecer una negociación del nivel de la del T-MEC, es fundamental entender con quién se va a sentar a negociar, para tener muy claro cuáles son sus motivaciones y fortalezas; en este caso se ve a México, que el 40 por ciento de su economía depende de las exportaciones; de estas, el 80 por ciento va a Estados Unidos, esto es, una parte muy importante de la economía mexicana depende del vecino país.
Por otra parte, dijo, está una nación que sólo el 10 por ciento de su economía depende de las exportaciones, por tener un mercado interno muy fuerte; y de ese porcentaje, sólo el 15 por ciento va a México, por ser un país mucho más diversificado e internacionalizado, de manera que, de eliminarse el T-MEC o dejar de comerciar con México, ello no implicaría un gran sobresalto para Estados Unidos, expresó el entrevistado.
De inicio, los negociadores ya se sentaron en una mesa dispar, pues México no es tan importante para ellos, como sí es Estados Unidos fundamental para México, dijo.
A Estados Unidos le interesa que la inversión extranjera no necesariamente aterrice en México, sino que quisieran que esta se instale en su territorio, y México quiere que esa inversión llegue a territorio mexicano, puntualizó.
En este momento, está el hecho de que no se firmó alguna modificación del acuerdo, por lo que, acorde con el clausulado del mismo, este deberá continuar tal y como está por 10 años más; pero además se detonó un mecanismo, que consiste en sentarse a negociar cada año durante ese lapso, lo que genera estrés sólo para nuestro país, pero con ello se genera incertidumbre a los inversionistas extranjeros, que no tienen la certeza del largo plazo, por lo que habrá quienes podrán tomar la decisión de llevar sus empresas a territorio estadounidense, advirtió.
Expuso que podría suceder que empresas extranjeras que requieran elaborar algún producto o pieza, se contacten con otras que ya están establecidas en México, y sería como estas crezcan al rentar naves industriales y contratar personal mexicano para sus manufacturas; pero igual se corre el riego de que las primeras decidan de pronto ya no seguir en esa dinámica y corten de pronto sus contratos con las segundas, afectando así al empleo y por ende, a la economía del país en un momento dado.





