En el sur del estado de Sonora y particularmente en los pueblos del río Yaqui, la cuaresma es no solamente una conmemoración religiosa, sino una de las manifestaciones culturales más profundas, complejas y vivas del pueblo yaqui; es un sistema ritual que articula la vida comunitaria, la organización tradicional y la transmisión de conocimientos ancestrales que han perdurado por generaciones, expresó María Trinidad Ruiz Ruiz.
La jefa de la Unidad Regional Sur de la Unidad de Culturas Vivas, Patrimonio Inmaterial e Interculturalidad (UCUVI), dependiente de la Secretaría de Cultura, expresó que la cuaresma inicia con el Miércoles de Ceniza, que generalmente "cae" en el mes de febrero; desde ese primer día, la participación comunitaria es amplia y organizada, donde autoridades tradicionales, maestros de iglesia, cantoras, kiyostey, tenanchis, sacristanes, chapayekas, así como figuras como el flautero, tambulero, Pilato, capitanes, cabos y caballeros, se congregan junto con el pueblo para dar inicio a un ciclo de gran significado espiritual y social.
Tras la misa, la imposición de la ceniza sigue un orden jerárquico que refleja la estructura comunitaria; este acto no sólo marca el inicio del periodo litúrgico, sino que también reafirma los roles y responsabilidades dentro del sistema tradicional, reveló la funcionaria y experta en la cultura de la etnia.
ORGANIZACIÓN COMUNITARIA Y COMPROMISO RITUAL
"Después del Miércoles de Ceniza, quienes conforman la cofradía de los fariseos realizan visitas a danzantes de Pascola, venado y músicos tradicionales, fortaleciendo los lazos comunitarios y asegurando la participación colectiva. Estas visitas, que suelen realizarse una vez antes de salir a las fiestas de pasión de Cristo ofrecidas por distintas familias, evidencian el sentido de responsabilidad compartida que caracteriza al pueblo yaqui", dijo.
Comentó que cada viernes de la cuaresma se llevan a cabo los "kontis", procesiones alrededor de la iglesia en las que se rememoran los pasajes del viacrucis que, sin embargo, más allá de su carácter religioso, estos recorridos son espacios de encuentro, reflexión y continuidad cultural.
A partir del tercer viernes, la dinámica cambia, pues quienes tienen cargos permanecen en la iglesia y se integran a la llamada "fiesta de la pasión", una celebración organizada por familias que cumplen mandas o promesas, estas fiestas pueden repetirse por tres años en cada familia, mostrando la profundidad del compromiso espiritual y social de las familias yaquis, reveló.




